29 de marzo de 2019

A los 99 años, una abuela voluntaria deja huella todos los días
Cuando el 22 de enero Conster Davis, “Abuelita”, cumplió 99 años, lo celebró con Melissa Garcia —quien aparece de rodillas—, Samantha Delagarza, coordinadora para abuelos voluntarios de Salud y Servicios Humanos en Corpus Christi, y los alumnos de prekínder de Garcia, en la escuela primaria Galvan. Davis, una auténtica “Rosie la remachadora” durante la Segunda Guerra Mundial, ha sido abuela voluntaria desde 1997.

Conster Davis buscaba un trabajo de costurera cuando entró como voluntaria en la escuela estatal de Corpus Christi en 1997. Pero se equivocó de edificio, y terminó siendo una abuela voluntaria.

Ese error fue una bendición para los maestros a los que ha ayudado y los niños a quienes ha guiado durante los últimos 22 años, en lo que ahora se conoce como el Centro Residencial Estatal de Corpus Christi. Y a sus 99 años de edad, Abuelita Davis, como la llaman, no tiene planes de dejar esta labor en un futuro próximo.

"Estaba jubilada y sin nada que hacer", dijo. "Les dije que quería un trabajo que no fuera trabajo".

Los abuelos voluntarios son adultos mayores de 55 años que prestan apoyo emocional personalizado, orientación y consejos a niños con necesidades médicas especiales en ocho ubicaciones a lo largo de todo el estado. Estos abuelos voluntarios sirven de modelos, mentores y amigos de los niños y adolescentes en las escuelas públicas, los programas de Head Start, los centros de detención de menores y cualquier otra agencia que trabaje con menores de edad.

Actualmente, Davis colabora dondequiera que se la necesite en la escuela primaria Galvan en Corpus Christi; ahí les lee libros a los niños y les ayuda a contar y recitar el abecedario.

Davis también es una buena fuente para enseñar un poco de historia.

La sabiduría de Abuelita Davis

  • "Me gusta mantener mi mente ocupada y salir a platicar con la gente".
  • "Todo lo que hago es para mantenerme en forma. Me siento bien al hacer ejercicio, ya sea físico o mental".
  • "No conviene quedarse encerrado en casa, porque eso ayuda al deterioro. Es necesario salir y platicar con la gente".
  • "Para mí, un niño tiene tanta sabiduría como yo. Es lo mismo que un rompecabezas. Tienes que ayudarles a armar las piezas".
  • "Solo se es niño una vez en la vida. Una manera de ayudar a un niño es hacer que disfrute de ser niño".
  • "Pase lo que pase, siempre habrá alguien que te quiere".

Nació en Honey Grove, Texas, de padres que eran trabajadores agrícolas migrantes. Se crio en Mexia y asistió a la universidad Prairie View A&M. Cuando la maestra de la pequeña ciudad de Menard se marchó, ella se hizo cargo de la escuela de la iglesia metodista, que contaba con un solo salón de clases, mientras su esposo trabajaba como vaquero.

"Él era del oeste de Texas, al sur de Kerrville", dijo Davis. "Teníamos una camioneta nueva del año 42, y un día llegó a casa y dijo: 'Todos se van a California'". Me dijo: "Todo el mundo consigue trabajo allí. Si no te gusta, podemos regresar a casa".

Corría el año 1943 y ellos se unieron a los últimos grupos que emigraron hacia el oeste después de la Gran Depresión en busca de puestos de trabajo, muchos de ellos ocupados por mujeres porque los hombres estaban en el ejército. Al principio se desplazaron por todo California, incluida una temporada en Bakersfield, donde transportaban fruta.

"No podíamos creerlo: gente que vivía en Estados Unidos pasaba hambre y no tenía dónde vivir", dijo. "La gente salía de esa situación. No siempre ha sido todo fácil para mí. Ha habido altibajos en mi vida. Queríamos construir el mejor de los mundos y el mejor lugar".

Davis encontró trabajo en una fábrica de aviones, y este consistía en clavar remaches en las alas de los aviones: ella fue una "Rosie remachadora" de las auténticas.

Después de que su esposo murió a principios de la década de 1960, Davis vendió su casa, compró un edificio de apartamentos y trabajó como costurera hasta que se jubiló en la década de 1990 y volvió a Texas, donde ha trabajado como abuela voluntaria desde 1997.

"Todos los días, seis horas diarias", dijo Samantha Delagarza, quien ayuda a coordinar el programa en el condado de Nueces, donde 61 personas trabajan como abuelos voluntarios. "De entre un grupo, no podrías adivinar que ella es la que tiene 99 años".

Durante los últimos 10 años, Davis también ha trabajado con Melissa Garcia, maestra bilingüe de prekínder.

"Davis ha aportado mucha sabiduría a mi clase y un impecable sentido de la organización", dijo García. "Todos en el campus saben que no solo es mi brazo derecho, sino también mi brazo izquierdo".

Davis piensa seguir trabajando mientras pueda, incluso aunque ya no pueda manejar.

"Mi sobrina me dijo que ella me llevará cuando me retiren la licencia de conducir".

Hasta entonces, seguirá dando a los niños su sabiduría, su experiencia, su amor y su tiempo.

Hay 410 abuelos voluntarios en todo el estado. Para obtener más información, o si desea inscribirse, visite la página web del Programa de abuelos voluntarios.